Mario corrió de inmediato al lado de Ana para intentar tranquilizarla.
—No mi amor, nuestro bebé está bien, solo un poco pequeño, perdón por no estar contigo cuando despertaste he ido a verlo.
—Quiero verlo.
—No, hija, aún no puedes levantarte.
—O me llevan o voy sola.
A Mario no le quedó de otra más que pedir una silla de ruedas para llevarla, cuando estuvo frente a su bebé, no pudo evitar llorar aún más fuerte, era tan pequeño.
—Míralo amor, es tan pequeño.
—Así es mi vida, pero pronto será m