En la arena

—¿Se encuentra bien? —Preguntó preocupado.

—Sí, gracias, solo fue que me asuste cuando me habló, estaba demasiado concentrado en despertar a sus hijos.

Le ayudó a despertar a los pequeños, el pobre Aldo intentaba no mirarlo, estuvo todo el tiempo con la mirada fija sobre los pequeños, no podía creer que sus hormonas femeninas lo traicionaran en ese momento.

—Tranquila Ana, recuerda que por ahora eres Aldo y debes comportarte como tal. —Se llamó la atención mentalmente.

Durante el día su trabajo
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