—Será mejor que hablen de una buena vez, ¿Quién los envió? Si llega el jefe y ustedes no han hablado será mucho peor.
—Púdrete. —Fue la contestación de uno de aquellos hombres, quién escupió sobre quien lo interrogaba
—Imbécil, te lo advertí, el jefe ha llegado, no tendrá piedad de ti.
Antón bajó del auto que había estacionado dentro de la bodega, con un aura imponente, quizás hasta tétrica por la furia qué sentía, se acercó hasta donde aquellos hombres estaban.
Se les quedó viendo con despreci