La explosión hizo vibrar todo el acantilado.
Durante unos segundos, nadie se movió.
A lo lejos, una enorme columna de humo negro se elevaba hacia el cielo, visible a pesar de la lluvia y la oscuridad. El estruendo de la explosión parecía seguir resonando en el pecho de todos.
Stephanelle se llevó una mano a la boca.
Su corazón latía a toda velocidad.
Se volvió hacia el hombre del abrigo negro.
—¿Qué has hecho?
Él observaba tranquilamente el humo a lo lejos.
Su rostro estaba tan sereno como si s