Mundo ficciónIniciar sesiónEl gran salón de la mansión De La Capa estaba sumido en un pesado silencio.
Rosalie Ramla miraba fijamente a Diego, incapaz de ocultar su incredulidad.
Apenas unos minutos antes, todavía creía que había ganado.
Pero ahora...
Todo se estaba derrumbando.
—¿De verdad... vas a echarme?
Su voz temblaba ligeramente.
Diego no apartó la mirada.
Su rostro estaba serio, frío, casi irreconocible.
—Me mentiste.
Cada palabra salió con dureza.
—Manipulaste a mi familia. Destruiste la vida de Stephanelle. Después de todo lo que hiciste, no quiero volver a verte jamás.
Rosalie permaneció inmóvil.
Luego, el miedo en sus ojos fue dando paso poco a poco a la ira.
Apretó los dientes.
—¿De verdad crees que todo es únicamente culpa mía?
Dio un paso hacia él.
—No olvides una cosa, Diego. Fuiste tú quien firmó los papeles del divorcio.
Aquellas palabras golpearon a Diego con fuerza.
Permaneció en silencio.
Porque ella tenía razón.
Aunque Rosalie hubiera mentido, aunque hubiera manipulado a todos...
Había sido él quien decidió creer en las apariencias.
Había sido él quien dejó marchar a Stephanelle.
De pronto, su mente se llenó de imágenes.
El rostro pálido de Stephanelle.
Sus ojos llenos de dolor.
Su silencio, cuando parecía que quería decirle algo.
Y aquel sobre blanco que cayó al suelo del salón...
Una repentina inquietud cruzó su mirada.
Se volvió rápidamente hacia su asistente.
—El sobre que dejó antes de irse...
Su voz era más baja.
—¿Lo encontraron?
El asistente asintió.
—Sí, señor.
Sacó un expediente y se lo entregó.
Diego lo abrió con las manos ya temblorosas.
Dentro había una imagen.
Una ecografía.
Su mirada se posó sobre la información escrita en la parte superior del documento.
Paciente: Stephanelle Robio.
Embarazo confirmado: ocho semanas.
Durante unos segundos, Diego no comprendió.
Luego, su expresión cambió.
El color desapareció lentamente de su rostro.
Sus dedos comenzaron a temblar.
—Ella...
Su voz se quebró.
—Estaba embarazada...
Permaneció mirando la imagen como si el mundo entero hubiera desaparecido a su alrededor.
El hijo.
El bebé que Stephanelle llevaba en su vientre.
Era su hijo.
Se llevó una mano a la frente, incapaz de pensar con claridad.
Recordó todas las veces que ella había intentado hablar con él.
Había ido a verlo con aquel sobre.
Quería decirle algo importante.
Y él...
La había rechazado.
Diego retrocedió hasta su silla y se dejó caer en ella.
Por primera vez en mucho tiempo, no encontraba ninguna solución.
Ninguna palabra.
Nada.
Mientras tanto, Rosalie observaba la escena en silencio.
Lo había comprendido.
Stephanelle nunca le había dicho a Diego que estaba embarazada.
Una pequeña sonrisa apareció lentamente en sus labios.
Así que... nunca llegó a decírselo.
Aquella información todavía podía cambiar muchas cosas.
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Al mismo tiempo, en el palacio de los Robio...
El sol descendía lentamente en el horizonte.
En los jardines de la propiedad, Stephanelle caminaba junto a Ben.
La tranquilidad de aquel lugar todavía le resultaba extraña.
Después de tantos años viviendo sola, aún le costaba creer que por fin tenía una familia.
Sin embargo, una preocupación seguía ocupando su corazón.
Ben lo notó enseguida.
Volvió la cabeza hacia ella.
—Pareces preocupada.
Stephanelle bajó la mirada hacia su vientre.
Apoyó suavemente una mano sobre él.
—Tengo miedo por mi bebé.
Dudó unos segundos antes de añadir:
—Después de todo lo que ha pasado...
Ben comprendió de inmediato lo que ella sentía.
Le puso una mano sobre el hombro con gesto tranquilizador.
—Escúchame bien.
Su mirada era firme.
—Mientras nosotros estemos aquí, nadie podrá hacerles daño. Ni a ti ni a tu hijo.
Aquellas palabras reconfortaron un poco el corazón de Stephanelle.
Pero antes de que pudiera responder, se escucharon unos pasos apresurados detrás de ellos.
Logan Hayes llegó corriendo.
Su expresión era grave.
—¡Señor Ben!
Ben se volvió de inmediato.
—¿Qué ocurre?
Logan recuperó el aliento antes de hablar.
—Nuestros hombres interceptaron un mensaje.
Miró brevemente a Stephanelle antes de continuar.
—Alguien está preparando un ataque contra la señorita Stephanelle.
El ambiente cambió al instante.
El rostro de Ben se volvió frío.
—¿Quién?
Logan apretó ligeramente la mandíbula.
—Rosalie Ramla.
Hizo una breve pausa.
—Pero no está actuando sola.
Ben permaneció en silencio.
—Ha formado una alianza con un poderoso enemigo de la familia Robio.
La mirada de Ben se volvió glacial.
Una ira silenciosa cruzó sus ojos.
Levantó la vista hacia el cielo, que comenzaba a oscurecerse.
Luego habló con una voz tranquila, pero amenazante.
—Que recuerde una cosa...
Apretó los puños.
—Nadie toca a nuestra hermana y se marcha sin pagar las consecuencias.
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En una habitación sumida en la oscuridad, un hombre observaba una fotografía.
En la imagen aparecía Stephanelle.
Su rostro permanecía oculto entre las sombras, imposible de distinguir.
Guardó silencio durante varios segundos.
Luego, una fría sonrisa se dibujó lentamente en sus labios.
Su voz resonó en la habitación vacía.
—La guerra entre los Robio y los De La Capa... apenas acaba de comenzar.







