La caravana de la familia Robio avanzaba a toda velocidad por las calles de Nueva York.
Dentro de la primera limusina reinaba un silencio cargado de tensión. Solo la pantalla de la tableta que Charles sostenía entre las manos proyectaba una tenue luz sobre sus rostros.
Ben mantenía la mirada fija en el mapa.
—¿Estás seguro de que la señal proviene de ese almacén?
Charles ni siquiera levantó la cabeza.
—Sí. Lo he comprobado tres veces.
Hizo una breve pausa antes de añadir con voz más grave:
—Per