La pantalla de la videollamada iluminaba el rostro de Michael como una pesadilla de la que no podía despertar.
Estaba sentado en un despacho elegante, con la corbata perfecta y una sonrisa afilada. Detrás de él, varias pantallas mostraban fotogramas congelados de Ethan y de mí besándonos, tocándonos y riendo juntos en el ático. Pruebas de todo lo que habíamos intentado mantener en secreto.
Buenos días dijo Michael con calma, como si estuviéramos hablando del tiempo. Veo que por fin tengo vuestr