Las manos le temblaban a Ángel enfrente del espejo. Los nervios no le permitían ver claramente y no atinaba ni siquiera a abrochar bien su corbata. “Todo puesto en una última jugada”, era la única idea clara que tenía en su cabeza. De pronto sintió como a su espalda una mano escalaba hasta su hombro. Se dio la vuelta de manera brusca asustado y encontró a Luna riendo.
-Estás tan nervioso que ni siquiera me escuchaste entrar- dijo su esposa.
-Estoy bien- dijo él cortante.
-Dile eso a alguien que