Mundo ficciónIniciar sesiónMarina volvía a casa con los pies descalzos destrozados por correr sin rumbo por la carretera en buscar del auto que se había llevado a su familia. La sangre corría en sus pies descalzos, tenía los labios rotos y el rostro golpeado, el vestido destrozado y solo podía vagar con una mano aguantando su abdomen adolorido y en la otra cargaba el arma que había usado para dispararle al último de los secuestradores. No es posible saber cómo seguía caminando entre todo ese dolor físico y el ver







