DEBBY
El olor a desinfectante me resulta abrumador. Estoy sentada en una de esas incómodas sillas plásticas de la sala de espera del hospital, con Mateo profundamente dormido en mi pecho. Su calor es lo único que me ancla, lo único que logra evitar que me derrumbe. Luego de que su padre apareciera de la nada, con heridas por todo el cuerpo.
A mi alrededor, el ambiente es tenso. Minerva, con su vestido impecable y su mirada crítica, no me quita los ojos de encima. A su lado, Débora, mi prima, t