RUPERT
El dolor de mis heridas queda en segundo plano, eclipsado por el fuego que arde en mi pecho mientras veo a la rubia salir de la habitación. Su despedida ha sido seca, su mirada, llena de reproche silencioso, uno que me pone la polla dura. No puedo sacarme de la cabeza sus últimas palabras: “Felicidades, al parecer ya tendrás al hijo que siempre quisiste con tu esposa”.
Sonrío para mis adentros, si ella supiera la verdad…
Un crujido en la puerta al cerrarse me devuelve al presente. Débor