El tic-tac del reloj parecía haberse detenido. Cada segundo se arrastraba como si el tiempo se estuviera burlando de ella. Casi una hora de atraso… y ni una señal de él. Ningún mensaje. Ninguna llamada. Ningún ruido de coche acercándose a la calle.
Sentada en el sofá, Catarina apretaba las manos ent