Henri apoyó la frente en la de ella, en un gesto lento. Y entonces, sin prisa, la abrazó.
—Nada de lo que hago por ti me hace merecedor de todo esto —murmuró.
Catarina acarició levemente su espalda y respondió con calma:
—El amor no se trata de merecimiento… se trata de lo que elegimos sentir, vivir