Oliver levantó la vista justo a tiempo para verlo tambalear.
— ¡Noah! — gritó, sin saber si reír o desesperarse.
El joven cayó al borde del camino, con las manos apoyadas en la tierra, intentando no desplomarse por completo.
— Estoy bien… — murmuró Noah.
— Respira, hijo. Es solo la emoción. Tenemos