Enderezándose en la silla, Hector pasa la mano por el mentón, alisando la barba rala que se había hecho por la mañana. El gesto es lento, casi calculado. Mientras lo hace, lanza una mirada firme a Ava, con la mandíbula tensa, claramente ofendido por su tono exigente.
—Veo que no pierdes el tiempo, ¿eh? —ironiza, tragando saliva.
Manteniendo la expresión fría, Ava cruza las piernas y dice:
—Ya perdí casi dos meses de mi vida. ¿De verdad crees que debería seguir como estaba?
—No, claro que no —re