El abrazo de los tres se prolonga en silencio, como si el tiempo estuviera finalmente intentando reparar lo que había destrozado. Ella siente el calor de sus padres a su alrededor y percibe cuánto había extrañado aquello… ese lugar donde, a pesar de todo, aún era amada.
Cuando los brazos comienzan a soltarse despacio, Rafaela sostiene la mano de su hija con fuerza, como si tuviera miedo de soltarla otra vez.
—Entra, hija… ven adentro. Necesitamos un tiempo contigo —dice, intentando contener las