Pérsia despierta con un peso cálido sobre su cuerpo. Cuando abre los ojos, el día aún está naciendo tímidamente por la rendija de la ventana de la cabaña. Por un segundo, no entiende dónde está. Entonces siente los brazos fuertes y firmes de David rodeando su cintura, el cuerpo de él pegado al suyo y su respiración rozando lentamente su nuca.
Sus ojos se abren de par en par.
Los recuerdos de la madrugada estallan en su mente como flashes: las miradas intercambiadas, los roces, los besos, el des