El cielo aún está oscuro cuando suena la alarma de David. Medio adormecido, se sienta y percibe que todo sigue en penumbra. Afuera, el mundo todavía duerme. El bosque está en silencio, salvo por algunos sonidos apagados de la naturaleza despertando poco a poco.
Se estira y bosteza con fuerza, pero al girarse, ve por la pequeña ventana de la cabaña que Pérsia ya está de pie. Con la linterna sujeta a la cabeza, se calza las botas con precisión. La mochila está lista a su lado.
—¿Ya estás lista? —