En la sala, Ava conversa con Mark cerca de la ventana, en un tono ligero y relajado. Hector, por otro lado, permanece más apartado, de pie, con las manos en los bolsillos y los ojos fijos en la escalera. Está inquieto.
—¿Cómo está tu madre? —pregunta Ava, rompiendo el silencio, mientras sostiene una taza de té entre los dedos.
—Ella está bien —responde Mark con una sonrisa tranquila. —Consiguió un nuevo trabajo hace algunas semanas. Está cuidando a una señora mayor, de esas bien tradicionales,