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—No puedo creerlo, ¡voy a ser madre!
Ava apenas podía creer lo que estaba viendo. Frente al espejo del baño de su oficina, allí estaba ella, sosteniendo una prueba de embarazo con el resultado positivo que tanto había soñado.
Desde que perdió a su primer bebé en un aborto espontáneo, el médico dijo que sería muy difícil volver a quedar embarazada. Pero ahora, mirando el resultado positivo en sus manos, tenía la certeza de que estaba viviendo un milagro.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control. Era una mezcla de alegría y alivio después de tanto tiempo intentando.
—No puedo guardar esta noticia solo para mí —murmura, ya imaginando la cara de sorpresa de su prometido.
Acomodándose el maquillaje corrido y la ropa elegante que llevaba, sale de la oficina con la postura altiva que siempre tuvo frente a sus empleados.
Quien no la conocía pensaba que no pasaba de ser una heredera poderosa que tenía el mundo entero en sus manos. Y, bueno, en cierto modo lo tenía.
Pero… su vida personal era muy diferente de lo que aparentaba. Además de sufrir por la dificultad para quedar embarazada, intentaba convencer a sus padres de que aceptaran a su prometido James, que infelizmente no pertenecía a la misma clase social que ella. Sin embargo, con esta novedad, creía que sus padres ya no tendrían cómo oponerse a la relación de los dos.
Al llegar a la casa de su prometido, una mansión que ella le había regalado —ya que James vivía en una casa sencilla—, apenas espera para compartir la noticia. Ava sube las escaleras casi corriendo, pero se detiene a mitad de camino al oír un ruido extraño que venía del cuarto.
—Más fuerte… —murmura una voz masculina.
Curiosa y un poco preocupada, camina hasta allí y abre la puerta.
Y allí estaba James, su prometido, en una posición comprometedora, teniendo relaciones con otro hombre, justo en la cama que usaban para dormir juntos.
Su bolso cae al suelo con un estruendo, haciendo que los dos en la cama se giren asustados. El impacto es tan grande que Ava apenas puede respirar.
—¿Cómo pudiste? —grita, sintiendo como si acabara de recibir una puñalada.
James se levanta de la cama, aún desnudo, intentando explicarse, pero termina tropezando con sus propias palabras.
—Ava, puedo explicarlo —dice, intentando cubrirse con una sábana que estaba tirada en el suelo.
—¿Explicar qué? —Ava lo corta, furiosa. —¿Que te gustan los hombres?
—No es eso, amor… es todo un malentendido —rebate.
—¿Malentendido? Mientras yo estaba trabajando para darte una vida lujosa que nunca podrías tener sin mi ayuda, ¿estabas acostándote con otro hombre?
—Amor… perdóname —pide James con la voz temblorosa.
—¿Perdonar? —grita, visiblemente decepcionada. —Además de traicionarme, hiciste todo esto en la cama en la que dormíamos juntos.
Las lágrimas de decepción ruedan por su rostro. Ava intenta limpiarlas con el dorso de las manos, pero percibe que está temblando de nervios.
—Nunca esperaría esto de ti —confiesa en medio del llanto. —Y menos después de todo lo que hice por ti. Te di esta casa, el coche lujoso que conduces, la oficina donde dices trabajar. ¡Te di todo! ¡Hasta discutí con mi familia por ti! —grita, sintiendo cómo la rabia crece dentro de ella.
—Si puedes usar ropa de marca y desfilar por ahí como alguien respetable, fue todo gracias a mí, pero ¿qué me das tú a cambio? Ahora entiendo por qué mis padres no aceptaron nuestra relación —murmura. —No es porque fueras pobre y vinieras de una familia de bajos recursos, sino porque no pasas de ser una basura interesada.
—Ava, para con eso —pide James, incómodo por las palabras que ella usa.
—¿Parar? —continúa ella. —Mientras yo me quedaba como una tonta enamorada dándote regalos caros, ayudándote a crecer profesionalmente, creando conexiones importantes para ayudarte, ¡tú estabas aquí, dando ese culo sucio!
—Mira cómo me hablas, ¿me estás oyendo?
La voz de James se altera por la forma en que ella comienza a humillarlo.
—¿De verdad crees que voy a medir mis palabras contigo, mariconcito? —continúa, ahora sintiendo rabia por la situación. —Quiero que salgas de esta casa ahora mismo —exige Ava. —Y deja aquí todo lo que te di de regalo. Vuelve al basurero donde vivías y de donde nunca debiste salir.
—No puedes hacer eso —interviene él.
—¡Claro que puedo! —responde rápidamente. —Y además, voy a contarle a todo el mundo todo lo que vi aquí. Serás hostilizado por todos a tu alrededor y nadie volverá a hacer negocios contigo.
La desesperación se apodera de James. Sabía que si la historia salía a la luz, perdería todo lo que había ganado con la ayuda de Ava, y no estaba dispuesto a renunciar a la vida lujosa que había conquistado. Por eso, en un impulso, se lanza sobre Ava y la golpea. Sin esperar aquel ataque, Ava no tuvo oportunidad de protegerse y termina cayendo al suelo, inconsciente.
Cuando Ava despierta, siente que está viviendo una pesadilla real. Se da cuenta de que está sentada en el asiento del conductor de su vehículo, que se desliza silenciosamente hacia un abismo. Intenta moverse, gritar, pero su cuerpo no le obedece. Con una mano temblorosa, Ava toca su vientre, percibiendo que, además de estar frente a la muerte, no podrá cumplir su sueño de ser madre.
El vehículo se precipita por el desfiladero y, al chocar contra el agua, Ava golpea la cabeza con fuerza contra el vidrio.
Justo allí, al borde de la carretera, mientras el vehículo de Ava caía al abismo, aparece un lujoso Rolls Royce y se detiene, convirtiéndose en un mero espectador de aquella escena caótica. Dentro de él, un hombre observaba la escena en silencio.







