XLVIII. Lyall ¿Qué haces aquí?
Por un rato Emma y yo nos quedamos sumergidos en medio del dolor y la desesperación, que aquello nos ocasiono, la sensación que aquello anido era reverendamente incomoda, literalmente sentía el alma vacía, hueca y desconectada del mundo.
Allí perdidos sumergidos entre aquella recamara, una vez guie nuestros cuerpos hasta la pared que se encontraba a nuestras espaldas ya que ella se encontraba dispuesta en medio de mis piernas la deje fluir con el viento ya que yo no podía hacerlo, en tanto así