El rostro de Mateo palideció tanto que parecía haber visto un fantasma.
—Estás bromeando, ¿verdad? —rió nervioso.
Pero notó que en ningún momento Sofía parecía titubear. La expresión seria de su rostro demostraba que no estaba bromeando.
—No es una broma —respondió ella.
—Sofía, ¿no te das cuenta de que estás arruinando tu vida?
—¿Planeas decir eso a todas las mujeres que te digan que están embarazadas? —le cuestionó nerviosa—. ¿Recuerdas que le dijiste lo mismo a Aurora y después te arrepentist