Mundo ficciónIniciar sesiónRosario se mantuvo refugiada en la casa de Lucrecia. Sus días transcurrían de forma monótona y temeraria. Corría del trabajo a la casa de su compañera, que a pesar de no coincidir con la vida de ella, la ayudaba.
— Chica, creo que es hora de que vayas a la comisaría. — Se le acercó Lucrecia, mientras Rosario continuaba cociendo ropa con su máquina industrial. — ¡Oye Rosario!&mda






