Capítulo 10

      Rosario sin dudarlo abrió la puerta. Quedó frente a un escritorio, por demás destruido, con una señora con anteojos que sólo miraba su celular.

     —Disculpe señora.— Se acercó tímida, Rosario. Quien estaba frente a ella no reaccionaba, continuaba en lo suyo.— Señora, disculpe-— Esta vez, le colocó su mano entremedio de su vista y el celular.
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