Caminaron al ascensor que los llevaría hasta el estacionamiento subterráneo del hospital
—Allegra— habló Sophia— ¿no tienes un cochecito de bebé para que no tengas que cargar a tu hija todo el tiempo?
—No, señora el que tenía lo vendí hace un par de años, no sabía que lo necesitaría de nuevo más adelante— trató de sonreírle
—Mañana te compraremos uno, no te preocupes— decía un Paul alegre
—No es necesario, señor— decía con pena— puedo apañármelas sin el cochecito
—Vamos, Allegra— le dio una pal