La llevó por un pasillo, había varias puertas, pero no entraba a ninguna, hasta que llegaron a una puerta de color rojo, ya que todas eran blancas, menos esa. Él se alejó de ella antes de abrir la puerta, de repente ella quedó en oscuridad.
—Quiero ponerte esto. No quiero que mires, todo a su tiempo.
—¿Por qué me cubres los ojos?
—Es parte del juego, cariño. —ella se empezaba a asustar, pero no se lo daría a conocer. No obstante, no estaba segura si él era también un asesino, mirando negro, la