Se asustaron al ver a Jessica sentada en su maleta con una cara de amargada, esperándolos un buen rato, tenía urgencia por regresar a casa, Emily se bajó del auto, estaba alegre, su marido le había cambiado los ánimos.
—Qué barbaridad, llevo horas Esperándote. Me dijiste que temprano salíamos de viaje.
—Es que nos dormimos. —dijo con picardía.
—Qué descarada eres, lo dices tan descuidadamente, ya verás, mi tía se morirá de la vergüenza.
—No te preocupes, que de mis padres me encargo yo. —Emily