El día iniciaba, la luz del sol comenzaba a iluminar a través de la ventana escurriéndose a través de las cortinas. Diego tenía a Mateo fuertemente entre sus brazos mientras seguía ronroneando muy pegado a su cuello.
Mateo comienza a abrir sus ojos lentamente, y con el ceño fruncido guía su vista en toda la habitación.
—¡Mierda! ¡los pequeños! —Grita Mateo apartando los brazos de Diego sentándose en la cama, este comienza a gruñir molesto —¡Ey!
—¡No te vayas!
—¡Diego! ¿con quién mierda estas so