—Selene —la llamó Bryce mientras la miraba con los ojos entrecerrados. Si había algo que detestaba con toda su alma, era que lo llamaran cobarde.
Selene lo miró fijamente, con los ojos clavados en su rostro. Le importaba un comino si a él le gustaba o no que lo llamaran así. Estaba dispuesta a lo que fuera con tal de asegurarse de que Naya saliera de ese desastre llamado ceremonia de compromiso.
—No me hace ninguna gracia que me digas cobarde.
—¡Cobarde! —le repitió ella, lo que hizo que Bryce