—Sabes algo... ¡Así que suéltalo! —espetó Ares a Artemis cuando ambos se quedaron solos en la sala de reuniones del consejo.
Artemis frunció el ceño, confundida.
¿Qué demonios le pasaba a ese lunático?
—¿Perdón? —preguntó.
—¿Y ahora por qué te haces la inocente, Artemis? Estoy diciendo que sabes algo sobre Selene, así que habla.
Esta vez sonó más como una orden.
Artemis soltó una risa burlona.
—¡Qué descaro el de este hombre!
Respondió con desdén.
—Soy un dios.
La corrigió Ares.
—Para mí sigues