A la mañana siguiente, Naya despertó con un fuerte dolor de cabeza.
Se sujetó la cabeza con ambas manos y soltó una mueca de dolor.
Al mirar hacia su izquierda, vio una bandeja con un plato de sopa.
En ese momento le importaba muy poco dónde estaba.
Tomó el plato y empezó a beber la sopa sin perder un segundo.
Mientras la terminaba, Selene entró en la habitación.
—Ya despertaste.
Sonrió y se sentó junto a Naya sobre la cama.
—Vaya... ¿este es tu apartamento?
—En realidad, es mi habitación.
Sele