Pov Leina
Las hojas secas se levantan en fuertes remolinos, golpeando entre los inmensos árboles. Me aferro a la ancha espalda de Bastian, solo escuchando las risas horribles y los gritos agudos y chillones.
Mi pecho sube y baja rápido; trato de no dejar que el miedo me domine, pero es casi inevitable.
Solo me aferro a mi compañero, que permanece alerta, como un escudo protector rodeándome.
Ya no sé qué me da más miedo: la brisa que trae esos sonidos horribles o la calma con la que Bastian