Pov Leina
Llegué a la tienda de mi tío y, al entrar, los tres pares de ojos voltearon a verme.
¡Qué vergüenza! No sé dónde meter la cara porque es más que obvio que se están dando cuenta de todo su olor en mí.
—Solo dormimos —dije en un intento de defenderme, pero la cara de Sara me decía que estaba mintiendo.
—Jajajaj… Leina, son compañeros, no debes sentirte avergonzada. Yo recuerdo muy bien que cuando conocí a Sara dejé mi olor en ella de tantas formas…
Me tapé los oídos sin querer ser