El funeral había terminado, y el aire pesado de tristeza y luto envolvía a los asistentes como una manta opresiva. Uno a uno, los miembros de la manada se acercaban a Anette, murmurando palabras de consuelo que sonaban huecas en sus oídos. ¿Qué hacían ellos ahí?, ¿de que valían sus palabras de consuelo cuando les habían dado la espalda durante toda su vida, sumergiéndolas en incontables horas de sufrimiento y dolo?
Ella apenas podía sostener la mirada de nadie, su corazón latía con un dolor que