El silencio de la noche era interrumpido por los feroces gruñidos de dos lobos que se debatían a muerte, la forma en que sus garras arremetían contra el otro, con la clara intención de matar, los colmillos brillando de forma amenazante mientras ambos intentaban doblegar al otro entre sus fauces.
Era la primera vez que Anette presenciaba un enfrentamiento de tal magnitud, ambos lobos parecían dispuestos a acabar con la vida del otro; como si esta no valiera absolutamente nada, su corazón latía