Punto de vista de Arwen
Desde afuera llegaban ecos de la gala: copas al chocar, telas rozando, risas que se apagaban al mismo tiempo que comenzaban otras.
El mundo seguía girando con una normalidad insultante.
En cambio, mi cuerpo no seguía reglas.
Kael estaba demasiado cerca.
Su presencia tenía ese filo suave de los lobos antes de abalanzarse: calma que antecede a algo inevitable.
—Arwen —dijo, y mi nombre se convirtió en una orden y una caricia a la vez.
Jadeé y clavé los dedos en las sábanas