Punto de Vista de Kael
—Hola, padre, por fin decidiste llamarme.
Mi voz salió fría.
Tan fría que incluso mi lobo se quedó en silencio.
No lo llamé viejo. No lo llamé Magnus. Lo llamé padre.
Esta vez no quise llamarlo "Viejo", sino "padre", para recordarle que quien me había traicionado era mi propia sangre, quien me dio la vida. Alguien que, por encima de todo, debía desear mi bienestar y felicidad.
No mi conveniencia política.
No mi utilidad estratégica.
Mi felicidad.
Al otro lado de la llama