Punto de vista de Arwen Holmes
Habían pasado horas.
O al menos eso creía.
En aquella habitación era imposible distinguir el tiempo.
No había ventanas. No había relojes. No había vida.
Solo piedra gris en las cuatro paredes, frío. Y vigilancia.
Las cámaras instaladas en cada esquina me seguían como ojos hambrientos.
La sensación me erizaba la piel.
Aquello no parecía una sala de espera ni un espacio de seguridad temporal. Parecía exactamente lo que era: una celda. Diseñada para lobos peligrosos