42. Sí.

Luisa había pedido permiso a Ana para ir a la casa de una amiga, y Ana se sintió mal por ello, la muchacha se había portado más como una hermana mayor que ella misma.

Después de subir a la camioneta de Eduardo Ana cruzó los dedos por encima del regazo, no solo quería, si no que necesitaba, decirle al hombre lo que sospechaba, pero esperó a que él dijera la primera palabra.

—La madre superiora del orfanato en que crecí me llamó —le dijo y Ana se encogió de hombros.

—Qué chismosa —dijo Ana y Edua
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