Maeve
La ira y el desconcierto se mezclaban en mi pecho mientras lo miraba, intentando asimilar las revelaciones que acababa de arrojar sobre mí como si fueran nada más que meros datos de un expediente.
Mis piernas se sentían inestables, pero me obligué a mantenerme firme, clavando mis ojos en los suyos, buscando algún indicio de mentira en ellos.
—Entonces los mataste a todos por ser más... fuertes, —repetí sus palabras, mi voz teñida de incredulidad y desdén.
—¡Sí! A todos y cada uno de ellos