Kane
Cuando entré a la habitación, la escena ante mis ojos me hizo arder en un fuego de rabia y desesperación.
Maeve, pálida y débil, estaba colapsando en los brazos de Luca, que parecía estar consumido por la sed de sangre que a veces nos domina. Sin pensar, reaccioné impulsado por el instinto protector que siempre sentí hacia ella.
Con un empujón violento y preciso, lo aparté de ella.
Maeve, sin fuerzas para sostenerse, cayó al suelo con un golpe sordo que resonó como un trueno en mi corazón.