Maeve
En un instante, el profesor Rogers cerró la distancia entre nosotros con una velocidad que desmentía su apariencia humana.
No tuve tiempo de reaccionar antes de que sus dedos estuvieran alrededor de mi cuello, apretando con una fuerza que me hizo jadear por aire. Su rostro estaba a centímetros del mío, sus ojos llenos de una frialdad y furia que me helaban la sangre.
—Lo perderás todo, solo me tendrás a mí y a los cazadores, tu estúpido novio no querrá saber nada de ti... —gruñó, su alien