Había demasiado silencio.
Normalmente cada vez que le llevaban una loba a su macho reproductor durante la noche, solía haber sonidos saliendo de la celda, no muchos y en varias frecuencias, pero si había. Entonces era de suponer que algo raro estaba ocurriendo.
Uno de los cazadores que custodiaba el pasillo avanzó algo preocupado. Apretó la vara eléctrica en su mano cauteloso. Entraría en una celda con dos lobos en celo. Uno de ellos, un macho que intentaría proteger a la hembra con que se esta