Ethan y Dixon se miraron, en medio de la oscuridad delante de aquella puerta subterránea el brillo de los orbes dorados de ambos era muy intenso dando a entender lo cerca que estaban de su parte más salvaje y primitiva que les dictaba salvar a su mate.
Ethan puso la mano sobre la madera vieja, húmeda y agrietada. Aquel lugar oscuro y estrecho olía realmente mal, casi impidiéndoles respirar, sin contar que no había ninguna ventilación. No podían creer que su loba estuviera ahí.
Cerró los ojos y