El agua golpeaba contra su piel como queriendo romperla, su cuerpo se estrellaba contra las piedras rompiendo lastimando sus huesos a su paso. Y a pesar de todo aquello y del dolor que casi la llevaba a la inconciencia, Isabela solo podía sonreír internamente porque por fin, después de esto, cuando llegara al borde del río, donde se encontraba el inicio de una violenta cascada, ella podría encontrar la paz tras la muerte.
«NO» escuchaba en su cabeza, una voz que no pertenecía a su mate, más ell