El ambiente era denso y no olía para nada bien en la jaula de reproducción. Era, además, un lugar oscuro, hasta cierto punto estrecho y donde la ventilación era mínima. Un ser dentro de aquel lugar definidamente enloquecería. Dixon arrugó la nariz, aunque a pesar de todo el olor a moho y fluidos pudo percibir uno muy familiar. Detrás de él, la loba se removió, ella también lo había olido, pero no la dejó entrar.
-Clara quédate afuera- fue casi un gruñido, una orden.
-Dixon, mi otro mate está al