Capítulo 44.
—¿Ese maldit0 enfermo tiene una pitón? —cuestionó Mateo al ver el ejemplar de piel manchada por las cámaras de las que se había adueñado, la cual se deslizaba por un tronco, subiendo por la superficie que le permitió llegar a lo alto.
—Y no es lo único que posee. —dijo Vladimir al lograr escucharlo, elevando la cortina que dejó a la vista el cocodrilo que destrozaba los restos de alguien, a través del cristal que dividía ambas jaulas. —Y creí que tener un tigre blanco era estar demente.
Mateo