La ira de Ethan lo consumió, calentando su sangre hasta que pareció hervir mientras bombeaba por todo su cuerpo. La violenta emoción se apoderó de él por completo, dándole a su fuerza un filo salvaje.
Liam, en cambio, era una historia diferente: el mismo libro, pero en otro formato. Podía ver y respirar a través de su rabia, usándola no para impulsarse a sí mismo, sino para empujar sus pensamientos hacia adelante. Estrategias y planes revoloteaban en su mente, desorientándolo con su velocidad.