— Veamos si corres con suerte — le dije soberbia dándole un poquito más y subiendo al auto.
Él como todo un caballero cerró la puerta mientras se reía, condujo por las atestadas calles mientras me pláticas sobre su trabajo.
Makim era un hombre fascinante que le gustaba la fotografía y por eso le pagaban, le comenté sobre mi día y la cuenta que había conseguido.
— Por eso estaba en la discoteca, estábamos celebrando que conseguimos el trabajo.
— Tuvo que ser bueno si se los dieron, me alegra—