― ¡Y ahora resulta que soy una loca! ―le espeto molesta y trato de golpearlo en el pecho, pero él me atrapa los brazos en la espalda― ¡suéltame, tú, pedazo de patán! ―le grito, pero no me contesta, en cambio, acerca su cara a la mía y me da un beso en la frente.
―Una encantadora e irremediable loca, debo agregar―me dice y yo trato de luchar para alejar sus labios de mí y, sin embargo, lo hago sin mucho fuerzo―una deliciosa y maravillosa loca―continúa hablando, mientras reparte más besos por mi